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PEPE "EL PINTO"

 

PEPE PINTO. Nombre artístico de José Torres Garzón, Sevilla, 1903-1969. Cantaor. Casado con La Niña de los Peines. La primera vez que cantó en público fue en el Café Novedades de su ciudad natal, hacia 1917, junto a otros dos jóvenes que luego serían también figuras del cante, El Carbonerillo y Pepe Marchena, de forma casual, pues estaban presentes en el espectáculo como espectadores, y lo hicieron a petición del auditorio.

No se dedicó profesionalmente al flamenco hasta el año 1927, realizando a continuación sus primeras grabaciones y sus primeras giras con elencos artísticos, contratándole La Niña de los Peines para un espectáculo que se presentó en el sevillano Teatro del Duque, en el que también participó la pareja de baile Los Chavalillos Sevillanos, compuesta por Rosario y Antonio. Contrajo matrimonio con La Niña de los Peines en 1931, y al año siguiente recorrieron España encabezando un grupo de opera flamenca, organizado por el empresario Vedrines; gira que se repitió en 1935, con la colaboración de Pepe Marchena, y en el siguiente, con otros artífices, entre ellos El Sevillano y Canalejas de Puerto Real.

Tras el paréntesis de la guerra civil, en 1939 continuó sus giras artísticas por toda la geografía española con distintos conjuntos, interviniendo en 1940, en la función andaluza Las calles de Cádiz, protagonizada por la cancionista Concha Piquer. A continuación presenta durante varios años su espectáculo Solera de España, en los principales teatros. En 1949, estrena España y su cantaora, en el que reaparece La Niña de los Peines. Otros de sus espectáculos, correspondientes a los años cincuenta, fueron los titulados: Del corazón a los labios, Escalera decanciones y Así canta Andalucía; a los que siguieron nuevos títulos en los años sesenta: Ronda de domingo, ¡Tele y olé! y Coplas y toros, etc., junto a La Niña de Antequera y Juanito Valderrama, en la mayoría de ellos.

Falleció el día 6 de noviembre de 1969, de hemorragia intestinal. De amplio repertorio y excelentes facultades, compaginó su conocimiento e interpretación de los cantes básicos, con su fandango personalísimo y con canciones aflamencadas, intercalando en algunas de sus creaciones unos recitados que se hicieron muy populares entre el gran público, ofreciendo así una versión teatral de lo flamenco. A este respecto, recogemos el comentario siguiente, de Anselmo González Climent: «Hizo un abuso de la apoyatura literaria. Su recitación cansina, inarmoniosa y, sobre todo, extraflamenca, malbarató lo que realmente interesaba de él, que es el cante puro y sus últimas descargas emocionales. Esta acrobacia lírica, desprovista de todo valor, es una de las tantas preocupaciones creativas de Pepe Pinto, ignorando que lo fundamental de su cante se da cuando prescinde de tales nexos y aparece limpio, directamente ofrecido». Otros comentarios sobre su personalidad artística son los que a continuación transcribimos: Ricardo Molina: «El artista no puede manifestarse muchas veces en la plenitud de su arte, por que las circunstancias adversas a aquél se lo impiden,. por tal motivo, son pocos los que saben el enorme siguiriyero y malagueñero que es Pepe Pinto, y menos aún los que tienen conciencia de su profundo y misterioso conocimiento de las técnicas, de los mecanismos íntimos, de los resortes secretos y de las claves inefables del cante flamenco». Pedro Camacho Galindo: «Adquirió renombre y asimiló acentos al casarse con Pastora Pavón. De ella y de su cuñado Tomás aprendió varios estilos agitanados. Sin embargo, él, por sí mismo, era un artista privilegiado. Sus fandanguillos (en gran número) son auténticas originalidades, que han creado, no sólo escuela, sino una fisonomía especial fandangueril ... ». Manuel Ríos Ruiz: «Hay artistas que aparentemente no cumplen con su destino. Y en el género flamenco uno de ellos puede ser Pepe Pinto. Escuchándole cantar siguiendo los cánones, las leyes marcadas por la tradición, no parece lógico que con sus conocimientos del cante y sus cualidades cantaoras, se hubiera hecho famoso con sus peroratas en versos narrativas y fáciles entre soleá y soleá o entre fandango y fandango. Pensándolo bien, no le hacía falta ningún aditamento para ser escuchado por los menos iniciados, es decir para tener, como tenía, un gran público, pues su voz melosa y agradable, ofrecía la jondura del cante flamenco de una manera asequible para todos.

Tal vez, la raíz de ese empeño por recitar, le viniera de algo intrínseco, de su vocación de actor, lo que de verdad le hubiera gustado ser, según sus propias declaraciones. Y lo que empezó siendo una manía para matar el gusanillo de su auténtica afición, se convirtió en rutina, al tener una gran acogida y alcanzar una enorme popularidad, sobre todo con las sentimentaloides composiciones Trigo limpio, La chiquita piconera y Toíto te lo consiento, grandes éxitos discográficos y radiofónicos, que torcieron el destino de un excelente cantaor, de un cantaor que quedó oscurecido en sus valores legítimamente flamencos, que respondían a unos profundos conocimientos de los estilos, auténtica afición y amplísimo repertorio».

 


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